Mujeres que salen de las paredes


Mariana Pacho López


Entrevista
por Axel Indey - 2022
“Ya no se trata de producir obras, sino de prescribir sentidos” – Joan Fontcuberta: Por un Manifiesto Posfotográfico.
Hace poco más de diez años, el teórico de la imagen Joan Fontcuberta reflexionaba sobre la dirección que estaba tomando la fotografía en la sociedad posmoderna. En su Manifiesto Posfotográfico, Fontcuberta identificaba ciertas tendencias globales: por un lado, los roles de fotógrafo, curador, docente y teórico comenzaban a mezclarse y confundirse; por el otro, la gestión que se hacía de la imagen capturada comenzaba a adquirir más importancia que el contenido primario de la misma; existía también una revaloración de la experiencia artística por sobre la posesión material de las obras.

Estos elementos fueron mencionados por Fontcuberta hace más de una década en el suplemento de Cultura del periódico español La Vanguardia. Al mismo tiempo, pero a diez mil kilómetros de distancia de Barcelona, desde su hogar en Mar de Plata, la fotógrafa Mariana Pacho López ponía en práctica mucho de lo que Fontcuberta había definido sobre el papel.

Y es que si bien Pacho sigue definiéndose a sí misma como fotógrafa antes que cualquier otra cosa, su experimentación con los soportes y los formatos trasciende lo estrictamente fotográfico. Sus obras rechazan la inmovilidad y solidez propia de las exhibiciones fotográficas: muchas de ellas se exhiben en performances e intervenciones únicas; tampoco participa en fotolibros ni otras publicaciones que amenacen con permanecer en el tiempo. Nada en los proyectos de Pacho se mantiene quieto, todo se disuelve en la mirada de los pocos espectadores que alcanzan a ver sus imágenes convertidas en acto vivo.

¿Cómo nace tu interés en la experimentación con los soportes?

Desde que saco fotos siempre he pensado en el estado físico que viene luego, cómo voy a montar la imagen, el soporte que va a tener… todo lo relacionado con el aspecto plástico. Me influyó bastante el haber estudiado cine y artes plásticas. Tanto por la composición como por la obra final. Actualmente estoy en una búsqueda de sacar la imagen digital de la pantalla y montarla de otra manera. Pero me considero principalmente fotógrafa, porque lo primero siempre es fotografiar.

¿Crees que los fotolibros y las exhibiciones tradicionales en galerías han quedado obsoletas ante las nuevas herramientas que entrega la tecnología, la interdisciplinariedad y el internet?

No creo que estén obsoletas, cada fotógrafo tiene diferentes búsquedas. En mi caso, yo siento que mis fotos ya no pueden quedar solo en una pared plana, necesito que se empiecen a mover un poco más. Hace unos años realicé un proyecto llamado “El recuerdo de cómo nos movíamos”: conseguimos un espacio en Mar de Plata donde se exhibieron imágenes en telas traslúcidas, luego se diseñaron atuendos para ser exhibidos en conjunto con las imágenes, generando una convivencia entre objeto e imagen. Después hubo una performance de mujeres que vestían estas prendas.

Dices que cada fotógrafo tiene diferentes búsquedas, ¿cuál es la tuya?

Estuve muchos años preocupada por la técnica de la fotografía, que la imagen final fuera correcta y que la técnica fuera impecable. Corría detrás de la impecabilidad de la técnica. Hace unos años empecé a relajarme con eso porque siento que ya llegué a esa impecabilidad que tenía en mi cabeza. Ahora quiero que eso deje de ser el punto hacia dónde voy. Quiero que el punto de llegada sea que la imagen-concepto que estoy trabajando salga de lo digital. Lo que más quiero es que salga de las pantallas, que nos podamos detener un minuto y quizás ver imágenes de otra manera.

Un tema recurrente en tu fotografía son los retratos femeninos. ¿El interés está puesto en la persona retratada o acaso esperas que la persona retratada arroje luz sobre algo de ti misma?

Un fotógrafo siempre habla de sí mismo. Al principio quizás había una búsqueda de mí misma en las mujeres que retrataba, pero después fue un intento de retratar el universal de la mujer, como si al retratar un detalle de una mujer estuviera retratando el detalle de todas las mujeres. También está el tema del lesbianismo, porque son mujeres vistas desde la mirada de otra mujer, no desde la mirada de un hombre. Hago una bajada del cuerpo femenino como cuerpo, no necesariamente con una sexualización. Creo que mis fotos tienen muy poca sexualización.


Algo que ha cambiado en relación a las antiguas generaciones de fotógrafos es que hoy existe una mayor colaboración y trabajo en colectivos, ¿cómo ha sido tu experiencia personal y sientes que esto cambia en algo el trabajo fotográfico?

Sí. De hecho, con una colega fotógrafa hacíamos un evento que se llamaba Inédito Pendrive, en el cual proyectábamos fotos sobre un tema determinado. Hacíamos una convocatoria con un nombre, la gente mandaba sus imágenes y hacíamos una proyección de estas fotografías. Había música en vivo, conocimos un montón de fotógrafos. La fotografía en sí misma es bastante solitaria, así que encontrar colegas con los cuales compartir los procesos es enriquecedor. Hacen que no te sientas tan solo en el camino. Personalmente, en el momento en que fotografío es el momento que más vivo el presente; me atemporalizo; después de sacar la foto vuelvo a ser una humana.

Tengo entendido que además de ser fotógrafa realizas talleres de fotografía. ¿Qué reflexión haces acerca de las nuevas generaciones que están incursionando en la fotografía?

Creo que ahora hay más conocimiento de la imagen, pero menos conocimiento de la imagen propia, de la búsqueda propia. Antes quizás teníamos más inquietudes y sacábamos fotos para conocernos; ahora se sacan fotos para parecerse a algo. Tampoco lo critico, pero es diferente. Me encanta igual hacer clases a gente joven, me sorprenden siempre, porque a veces hay cosas que no entiendo y sé que no voy a entender, y lo admiro desde mi lugar.