Diego Figueroa

“Siempre he creído que la educación es una manera muy importante de colaborar en sociedad”

por Axel Indey - 2021
Diego Figueroa comenzó a fotografiar a los 15 años, una semana después de haber ganado el premio mayor del bingo escolar: un refrigerador. Su familia no lo necesitaba -ya tenían uno en su casa de Maipú-, así que decidieron venderlo. Y como había sido él quien escogió el número ganador, le permitieron quedarse con la mitad del dinero recibido. Fue así que consiguió su primera cámara, la que estrenó un sábado de 2008 en una tocata del Barrio Franklin.

Ya en ese entonces Diego Figueroa tenía claro que quería ser fotógrafo. No era tanto la imagen final lo que lo motivaba a salir de su casa con la cámara colgada al cuello, sino las oportunidades y experiencias que este objeto le ofrecía: ser testigo privilegiado de la acción, sumergirse en mareas humanas y someterse al ritmo frenético de una tocata o de una manifestación. Figueroa quería perderse en el movimiento.

El movimiento fue también el puntapié inicial de Migrar, el colectivo de fotógrafes que se conformó en torno a su generación del Instituto Arcos y junto al cual ganó el concurso de Fotoprensa apenas a los 22 años, con una fotografía de las protestas estudiantiles.

“La narrativa de migrar es el viaje, movernos en grupo”, asegura Figueroa. “Aprendemos juntos. Cuando lo fundamos había harto cabre que eran de regiones, de Arica, Punta Arenas, Concepción, Valdivia. Entonces el viaje siempre estaba presente en nuestras imágenes. Nuestro primer viaje al extranjero fue a México, nosotros mismos inventamos un proyecto, hicimos un crowdfunding, juntamos casi cuatro millones de pesos y viajamos seis personas. Fue algo muy potente y significativo que nos abrió muchas puertas como generación con otros países de Latinoamérica”.

¿Qué tanto impactó en tu trabajo fotográfico posterior el haber ganado el concurso de Fotoprensa a una edad tan temprana?

Impactó harto ese premio porque yo era muy chico y no tenía las herramientas necesarias para sobrellevar un reconocimiento como ese. En ese tiempo estábamos acostumbrados a que los premios los ganaran puros viejos. Me pilló por sorpresa y me presioné mucho, me pasé muchas películas. Pero fue un buen puntapié igual, para mí y para el colectivo, que estaba recién empezando. Migrar aparecía en todos lados. Nos sirvió para creernos el cuento y para que se abrieran puertas.
¿Qué rol tienen los colectivos y las colaboraciones en la fotografía que se está produciendo actualmente?

El tema de las colectividades ha sido súper importante para nosotros e igual es algo que ha estado en boga con las nuevas maneras de vivir, las nuevas economías, etc. Nosotros en Migrar empezamos como amigos, pero nos dimos cuenta de que esto funcionaba como modelo, un modelo asociativo que dejaba de lado la competencia. Y con el tiempo empezamos a crecer más y nació la necesidad de asociarnos con otros colectivos de otros países, organizaciones, y eso nos permitió hacer cosas sin depender de los fondos. Nosotros jamás hemos dependido de un fondo público para hacer algo. Hay muchos proyectos que nacen por un Fondart y mueren por el Fondart. El logro de Migrar ha sido poder subsistir de manera autofinanciada, diversa y flexible.

Se suele asociar la fotografía documentalista a la objetividad y al realismo, pero Isidora Romero escribió respecto a tu proyecto “El viejo Jarocho” que allí mostrabas, aunque no quisieras, las propias tripas.  ¿Qué tanto de ti hay en tus fotografías?

Todavía me cuesta distinguir un poco hacia donde va mi fotografía. Siempre me han interesado las personas y reflexionar a partir de ellas sobre lo que nos sucede como sociedad. Hoy día siento que mi fotografía está transitando hacia algo más autobiográfico, empecé a volcarme más hacia adentro. Hoy día ya no me calientan mucho las marchas ni la adrenalina. Me siento más sensible y abierto a explorar otras técnicas y otros límites. El ser papá también me conectó aún más con mi viejo, me empezó a abrir recuerdos de infancia y eso me permitió ser más compasivo y empático con él. También la docencia me ha conectado harto con mis hijos y con los niños en general. Siempre he creído que la educación es una manera muy importante de colaborar en sociedad, de transmitir conocimiento.
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