Hermes/Unesco y la ficción de la historia o la historia de una ficción

por Felipe Muñoz Tirado
¿Cómo se construye la historia? Es una de las preguntas que me asaltan al leer con detención la publicación “HERMES/UNESCO” del artista Martin Bollati, quién desde el principio del libro ya nos plantea una posición problemática sobre el cómo acercarnos y abordar una obra realizada con inteligencia artificial.

“Today cyber attack is considered a legitimate form of warfare. The new threat defined by UNESCO, Director General Irina Bokova as “cultural cleansing” adds the digital heritage assets to the mosaic of targets for a cyber-attack. Another risks is related to the AI capabilities. The objective is not the destruction but altering the heritage in such a way that is not detectable”, se lee en la 2da página de libro.

Esta cita no sólo nos posiciona desde la complejidad con la que se aborda en la actualidad el uso de esta herramienta productora de imágenes artificiales, sino que también propone una mirada sobre lo frágil del patrimonio cultural de la humanidad y su relevancia en nuestro quehacer cotidiano en comunidad.

Vale preguntarse, entonces, cómo es que se construye ese patrimonio cultural que se constituye como parte fundamental de nuestra sociedad. Es desde ahí, que podemos acercarnos a pensar la posibilidad representativa de la fotografía: “¿Y si al ejecutar el programa de la fotografía, el de documentar todo, en realidad armamos una base de datos para que otrx que nos lee pueda entender quienes somos? ¿Eso que llamamos Historia, y que construimos con ansia y sangre, es en realidad una memoria que hoy cumple otra función? (...)”

Esta última pregunta planteada como detonador por el autor, es ineludible para aquellxs que se interesan por la construcción de la historia y de los grandes relatos. Algo inevitable en la creación de un punto de vista, de un mirar y, en consecuencia, de un pensar.

Esta forma que en concreto se refleja en el mirar, es la dominancia de la imagen y por lo tanto también de la imagen fotográfica, en la construcción de nuestra realidad.

Pensar en esa construcción de la realidad no es más que pensar en el dominio cultural de los más poderosos por sobre los oprimidos, las instituciones sobre las comunidades y los grandes relatos por sobre los relatos menores. Una arqueología de la dinámica del conocimiento cultural al día de hoy.

“La imagen sirve como modo de organización de la vida cotidiana, por lo que las instituciones se dieron cuenta que para construir su poder necesitaban regular el poder de las imágenes, no solo prohibirlas sino también controlar su producción” menciona, a propósito de lo planteado, Andrea Soto Calderon en su libro “Imaginación Material”.

Lo planteado por la autora se puede relacionar con lo planteado por la cita expuesta por Martin al comienzo de la obra: hay un miedo por las posibilidades de la AI, hay una semilla de incertidumbre por su capacidad creativa incontrolable, ese control necesario para mantener el régimen de lo establecido por los poderes socio-culturales.

Pero vale preguntarse entonces, ¿Quienes son los que ostentan ese poder?, una pregunta certera, pero complicada. 
A partir de ella, es que recuerdo lo mencionado por Martin en la presentación de la publicación realizada en Chile durante noviembre del 2023, al plantear que la idea y el imaginario visual de la obra surge a partir de una compilación titulada “Colección Unesco-Hermes Bolsilibros de arte”, en el que precisamente se rescata fotográficamente el patrimonio cultural de diferentes Primeras Naciones del mundo. Sin embargo, no existía registro o rescate de comunidades o pueblos latinoamericanos, levantando la duda del por qué en un esfuerzo cultural del rescatar un patrimonio universal, dejar toda la historia de un continente fuera.

Es preciso declarar entonces, que una historia siempre es una historia incompleta, donde la existencia de un hecho, es el resultado probable de otro hecho no relatado y ausente. Un relato mayor que se alza por sobre otro.

Una ausencia que pareciera hablar más que la misma presencia del rescate patrimonial, una edición probablemente no azarosa, y por el contrario, consensuada.

“Jamas se da un documento de cultura sin que lo sea también de barbarie” mencionaba Walter Benjamin en su Tesis sobre el concepto de la Historia, y que de alguna manera dialoga con las problemáticas planteadas en este texto, en relación a la tediosa y latosa construcción de una historia con perspectiva hegemónica.

Es ahí, en esa problemática, donde para mi, la obra de Bollati, se arma de sentido y crítica: Si la historia de nuestra cultura latinoamericana ha sido siempre disminuida y exotizada, donde la posibilidad del relato ha sido siempre caracterizado con una mirada lejana y distante, y si la historia que conocemos siempre ha estado mediada por el poder ¿Por qué no permitirse -o al menos intentar- proponer una nueva mirada?

Esa posibilidad es la que hoy nos abre el uso de la IA, si ya sabemos que la propia historia de la humanidad ha estado ficcionada a partir de relatos parciales y subjetivos, entonces ¿por qué no ficcionarla visualmente? ¿no es un ejercicio parecido?

La práctica visual de Martin, en ese momento se convierte en un posibilitador de relatos, de una historia del futuro, un activador de historia sobre la nada y a la vez sobre el todo. Una estética que toma prestado los elementos estéticos del pasado para hablar sobre lo inexistente, pero -paradójicamente- al mismo tiempo para hablar sobre algo que co-existe concretamente en un libro.

Un libro de ficción, al igual que cualquier otro libro de historia.